10 febrero 2010

EL DÍA DE LOS ENAMORADOS



Historia del día de San Valentín
14 de febrero, San Valentín.
El día de los enamorados en el que las parejas intercambian regalos, y mucha gente llega a pensar que ésta es una tradición inventada por los grandes almacenes - "aprovechada", sí, pero no inventada.
El día de San Valentín, como hoy lo conocemos, contiene vestigios tanto de la antigua tradición romana como de la cristiana.
Cada febrero, en casi todo el mundo, se intercambian caramelos, flores y regalos entre los enamorados, todo en el nombre de San Valentín.
Pero ¿quién es este santo misterioso y por que celebramos su dia?
La historia de este personaje y su celebración está velada por la leyenda.
Hoy la Iglesia Católica reconoce por lo menos tres santos diferentes llamados Valentín o Valentino, todos los cuales fueron martirizados.
¿Quién fue San Valentín y como llegó a ser asociado con este antiguo rito?

Una leyenda dice que Valentín fue un cura que sirvió en la tercera centuria en Roma. Cuando el emperador Claudio II decidió que los hombres solteros eran mejores soldados que los casados y con familia, prohibió el matrimonio para los jóvenes, potenciales soldados. Valentín, dándose cuenta de la injusticia del decreto, desafió a Claudio y continuó celebrando bodas para los jóvenes amantes en secreto. Cuando las acciones de Valentín fueron descubiertas, Claudio lo condenó a muerte.
Otras historias sugieren que Valentín pudo haber sido asesinado por intentar ayudar a las parejas cristianas a escapar de las duras prisiones romanas, donde eran a menudo golpeados y torturados.
Según otra leyenda, Valentín en verdad fue quien envió el primera tarjeta de "San Valentín". Mientras estaba en prisión, se cree que Valentín se enamoró de una joven, probablemente la hija de su carcelero, que lo visitaba durante su confinamiento. Antes de su muerte, ocurrida en febrero, el joven preso le escribió una carta, que firmó "de tu Valentín", una expresión usada todavía hoy.
Aunque las leyendas sobre San Valentín son diversas y misteriosas, enfatizan su atractivo como una figura simpática, heroica y desde luego no podemos negar que envuelta en un halo de mucho romanticismo, quizá por eso en la Edad Media Valentín era uno de los santos mas populares en Inglaterra y Francia.
La fiesta se volvió a introducir en España a mediados del siglo XX, ahora sí, con motivo de incentivar la compra de regalos.
La forma simbólica del corazón que ahora usamos en nuestras tarjetas y regalos, está relacionada con Cupido - en la mitología romana, Cupido es el dios del amor. Equivale al Eros de la mitología griega, y a Kāmadeva en la mitología hindú.
Es hijo de Venus y de Marte. Se le adjudica la creación de amores y pasiones entre los y las mortales y suele ser representado por un niño alado (parecido a un ángel de la mitología cristiana). Al ser hijo de los dioses de la guerra y del amor, Cupido resulta ser el dios de los enamorados, creando equilibrio entre el amor y el sufrimiento.
Quedémonos sólo con el amor, que es eterno mientras dura.
Feliz San Valentín.
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El Día de San Valentín es una celebración tradicional en la que los novios, amigos, enamorados o esposos expresan su amor o cariño mutuamente.
Se celebra el 14 de febrero, onomástico de San Valentín.
En muchos países se le llama día de los enamorados y en otros como día del amor y la amistad.
En la actualidad, se celebra mediante el intercambio de notas de amor conocidas como "valentines", con símbolos como la forma simbólica del corazón y Cupido.
Desde el siglo XIX se introdujo el intercambio de postales producidas masivamente.
A esta práctica se sumó el dar otro tipo de regalos como rosas y chocolates, normalmente regalados a las mujeres por los hombres.
En Estados Unidos, esta celebración también se empezó a asociar con un saludo amor platónico de "Happy Valentine's", enviado por los hombres a sus amigas y raramente a sus amigos…
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Ya en el 1400 la unión entre el día de San Valentín y el amor “romántico” está bien establecida. Este amor tomaba las formas de un ritual casi religioso...
Son los tiempos en que los europeos de la aristocracia, felices de haber sobrevivido a “Nuestra Señora La Peste”, se reencuentran a sí mismos.
Celebran la vida, se congratulan por la victoria sobre la muerte, descubren los placeres que la era anterior les había negado y aprenden a gozar de lo que, antes, llamaban “valle de lágrimas”.
¿Quiénes son sus maestros?
Es fácil descubrirlo - En primer lugar los musulmanes que subsisten en el extremo de España y los que presionan más allá de la asediada Constantinopla.
Sus cortes maravillosas, sus cuentos repletos de doncellas con rostro “como la Luna”, sus lujos desmesurados para la Europa enferma y hambrienta…
Más atrás en el tiempo, el recuerdo de la belleza que fueron Grecia y Roma.
Los manuscritos que traen los exiliados de Bizancio, los libros que surgen de los scriptoria monacales, los restos de estatuas, templos y palacios que, en Italia antes que en ningún otro lugar, comienzan a aparecer semi enterrados.
Alumnos aventajados, en poco tiempo se lanzarán con furia adolescente a conquistar el mundo…
Pero esa es otra historia.
Por el momento el culto de San Valentín como patrono de los enamorados es privilegio de los privilegiados.
En el siglo XV, por ejemplo, Charles, duque de Orleáns, escribe un rondeau (forma poética musical cercana a la balada) donde aparece por primera vez la forma adjetivada de Valentín.
Le canta el duque a su esposa:
Je suis desja d’amour tanné
Ma tres doulce Valentinée…
Ya estoy de amor enfermo
Mi muy dulce Valentina…
Expresión exigida por la rima, evidentemente (Charles rimaba más o menos como Arjona… Bueno no es para tanto, Charles era un buen poeta…) pero que nos revela tanto el tierno sentimiento del duque, que estaba prisionero y aburrido en la Torre de Londres, como el principio de una tradición: calificar a la pareja enamorada como “mi valentín”.
También en, nunca sin provecho consultado, William Shakespeare oímos hablar del Día de San Valentin, cuando en Hamlet, Ofelia, ya un poquillo enloquecida, declama:
To-morrow is Saint Valentine’s day,
All in the morning betime,
And I a maid at your window,
To be your Valentine.
Mañana es el día de San Valentín;
Al despuntar el alba,
Yo, doncella, en tu ventana
Seré tu Valentina.
Traduzco Valentina, aunque la exactitud requeriría Valentín para ambos casos, el femenino y el masculino.
En otras artes la leyenda de San Valentín se materializó en grabados como el de Crónica de Nuremberg (1493) que muestra al mártir uniendo parejas de cristianos contra la voluntad del militarista emperador Claudio II.
Pero todo pasa y…
Los hermosos años de esperanza y descubrimientos, cuando parecía que todo el Universo se abría a los hombres… De Europa, terminaron abruptamente.
Guerras de religión, la despiadada explotación del Nuevo Mundo, los nobles cada vez más insolentes, las damas sólo ocupadas en intrigas fueron dejando de lado los ideales del amor cortés y caballeresco… Con el tiempo sólo quedaría la amarga figura de Don Quijote, andante Valentín de una esquiva y zafia Dulcinea.
Así, no se oye hablar mucho más de San Valentín y su tradición de poemas amorosos que, de todos modos, era una costumbre puramente local, ligada a Inglaterra y ciertas regiones de Francia, además de restringida a los círculos cultos de la nobleza.
Es en la primera mitad del siglo XIX cuando renace, de un modo más popular, la tradición de santo de los enamorados.
Estamos en Inglaterra, ya no una nación subdesarrollada, y en los tiempos iniciales del reinado de una dama, Victoria, cuyo nombre estaría ligada para siempre a los prejuicios y el recato.
Tiempos de cambios, tiempos donde las antiguas tradiciones van siendo erosionadas por el avance simultáneo del Capital y de la Máquina, tiempos de ricos que surgen de la noche a la mañana y de los pobres más despojados de todos, los proletarios. Jack the Ripper, Sherlock Holmes y Phileas Fogg se codean con Dickens, Babagge y Darwin.
Las damas inglesas de la burguesía, buscando un modo de expresar sus sentimientos, esos que había que ocultar de la vista de todos, se vuelven a los poemas del temprano Renacimiento y, a despecho de su fidelidad protestante, redescubren a San Valentín y su festividad en el ventoso Febrero.
Comienzan, tímidamente al principio, a enviar breves notas manuscritas en un cuidado inglés que, sin embargo, recoge formas dialectales y se caracteriza por una sus medidos sentimientos.
Elizabeth Gaskell, escritora de novelas, recoge esta costumbre y no sería aventurado suponer que bajo su influencia cientos de otras jovencitas, y sus recatados galanes, escriben discretas notas de amor firmadas, invariablemente, como Your Valentine. Los periódicos dan cuenta del crecimiento de la costumbre, al punto de señalar, hacia 1849, que la misma “va camino de convertirse, más bien se ha convertido, en una fiesta nacional”.
Es entonces cuando San Valentín, como tantos europeos de la época, cruza el Atlántico y llega a “la tierra de las oportunidades” los maravillosos, brutales y desmesurados Estados Unidos de América.
Por supuesto que aquí, con millones de personas atareadas en perseguir el sueño de la prosperidad, no se puede tratar de notas manuscritas y declaraciones de amor estudiadas como en la idílica campiña inglesa.
Hay mucho por hacer, mucho por inventar, mucha más gente que complacer y mucho, mucho más, por comprar y vender.
Esther Howland, hija de un librero, recibe una hermosa postal de un socio de su padre, inglés por más señas, y la idea le fascina. Con la ayuda, es un decir, de amigos y parientes comienza a producir postales en serie y a distribuirlas por todo el país. Crea modelos, inventa frases, populariza corazones, flechas de Cupido y palomas para su producto: las tarjetas del Día de San Valentín.
El negocio, que para eso están los yanquis, prospera y crece.
El día de San Valentín es un fenómeno que crece a lo largo de la nación, de costa a costa, cada catorce de febrero se envían cientos de miles, pronto millones, de tarjetas.
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La canción, el cine, la televisión y, en los últimos años, Internet se encargarán del resto.
Desde su tierra de adopción, adornado al modo de un escaparate luminoso, San Valentín parte a la conquista del mundo. El negocio del sentimiento, las finanzas del consumo, la necesidad de escapar a la soledad de los seis mil millones de exiliados que poblamos este mundo garantizan su triunfo. Algunos, es cierto, lo rechazarán con el vano expediente de decir que el verdadero amor se recuerda todos los días, pero son los menos, son los que ignoran que la tribu se mantiene unida por medio del ritual y de la tradición; aún si aquel es perfectamente inocuo y ésta completamente inventada.
No seamos excesivamente duros, entonces, con esta costumbre que, artera o cándidamente, hemos dejado entrar en nuestra vida cotidiana.
Al fin y el cabo motivos de celebrar no sobran y, como están las cosas, festejar con edulcoradas tarjetas y decirnos, tratando de ser sinceros por una vez en la vida, que nos amamos, no es de las peores cosas que nos pueden pasar.

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